Esta frase es muy común, no llama la atención, y no es literariamente digna de premio nobel. Sin embargo a menudo sufrimos sus efectos, a saber: estamos cansados, nuestro saco de propósitos saturado, la lengua fuera para llegar a casi todo... y muchos otros que cada uno puede añadir (seguro que sacariamos una lista interminable).
La cosa es que la filosofía es un buen bálsamo (gracias Curro Cabezas) y a veces necesitamos parar un poco o bajar el ritmo ( ... siento que la vida va tan deprisa); ver lo que nos rodea, disfrutar de nuestro entorno (biótico y abiótico); saborear las cosas: esto nos gusta, esto esta amargo, descafeinado, esto es delicioso...; y algo importante: pensar, reflexionar, aprender, cultivarnos...; y todo para ver que pasos estamos dando y sobre todo donde queremos caminar.
Bueno todo este potaje viene porque hoy el cafe parece que tenía una sustancia que hacia tiempo que no saboreaba: reflexinol. Y me ha permitido tener, mientras cocinaba potitos para mi pequeña (no veas que rico el cordero) un momento de esos que saben a gloria.
Y nada más... lo lanzo para compartir que a veces vamos muy deprisa y necesitamos reflexinol (también me han dicho que esta sustancia se transforma en palabras de personas o algo así, gracias a aquellos que disfrutais de esa capacidad) para no descarriarnos de nuestros sueños.
... Y bueno me marcho porque la olla a presión está pitando (la última tanda de potitos es de pollo y pavo) y eso significa que no llego (... otra vez sin tiempo).